No era el mismo escenario. Ni tan siquiera el mismo rival.
Tampoco la categoría. Pero sí la misma ilusión. Y la misma sonrisa. Y el héroe
de entonces. Hace apenas dos meses, el Lugo conseguía su billete de vuelta a
Segunda dejando al Cádiz con la miel en los labios en su propia casa, en el Ramón
de Carranza. Entonces, un gol de Manu
regaló el momento que el equipo gallego había perseguido y por el que había
luchado en los últimas dos décadas: el de volver a vestirse de plata.